• DGFocus

    Cartografiar la manipulación

    Cómo los modelos Sankey ayudan a leer las campañas de interferencia informativa… y por qué no basta con mirar el gráfico

    En los últimos años se ha hablado mucho de desinformación, pero con frecuencia se ha hecho de manera demasiado simple. A menudo se presenta el problema como una suma de bulos, mensajes falsos o noticias engañosas que circulan por redes sociales y medios digitales. Sin embargo, muchas operaciones de manipulación informativa funcionan de un modo más complejo. No consisten solo en lanzar una mentira, sino en poner en marcha una narrativa, amplificarla, adaptarla a públicos distintos y hacer que parezca una corriente espontánea dentro del debate público.

    Precisamente por eso resulta cada vez más importante comprender las herramientas con las que hoy se intenta analizar ese fenómeno. Una de ellas es el modelo Sankey, una visualización que permite representar flujos entre nodos y mostrar cómo una narrativa puede pasar de un actor a otro, de una plataforma a otra, de un idioma a otro o de un entorno marginal a una conversación mucho más amplia. Aplicados al análisis de las FIMI —las campañas de manipulación e interferencia informativa extranjera—, estos modelos prometen ofrecer una imagen más estructurada de procesos que, de otro modo, resultarían difíciles de seguir.

    Pero un gráfico no es la realidad. Y ahí está una de las cuestiones más interesantes. Un modelo Sankey puede ser útil para visualizar recorridos, detectar amplificadores o comparar versiones de una misma narrativa, pero también depende de datos incompletos, de decisiones metodológicas previas y de criterios que rara vez son neutrales. Qué se mide, qué se agrupa, qué se considera conexión significativa y qué queda fuera del mapa son preguntas decisivas. En otras palabras: estos modelos no solo muestran una parte del problema, sino que también construyen una forma concreta de verlo.

    Ese es precisamente el núcleo del nuevo DG Focus que he preparado sobre este tema. El texto explica de manera clara y accesible cómo se generan estos modelos, qué papel desempeñan los datos, los metadatos, la limpieza de información y el procesamiento del lenguaje natural, y de qué modo se infieren flujos narrativos dentro de campañas complejas. Pero al mismo tiempo intenta ir un paso más allá del enfoque técnico. Porque entender la manipulación informativa exige también examinar críticamente los instrumentos con los que pretendemos cartografiarla.

    Este Focus se sitúa así en un punto que me parece especialmente necesario hoy: entre el análisis metodológico y la reflexión crítica. Por un lado, ayuda a comprender mejor cómo se modelan las campañas de interferencia. Por otro, advierte sobre sus límites, sus sesgos y los riesgos de falsa precisión que pueden acompañar a estas visualizaciones. En una época en la que se habla tanto de control narrativo, plataformas, propaganda y guerra informativa, no basta con tener mapas: hace falta aprender a leerlos sin ingenuidad.

  • DGFocus,  Geopolítica

    La red tensa: cuando la globalización revela su fragilidad

    Un nuevo DG Focus sobre dependencias críticas, poderes opacos e infraestructuras invisibles

    Durante años se nos ha invitado a imaginar la globalización como una gran red abierta, flexible y capaz de absorber casi cualquier perturbación. Cuanto más interconectado estuviera el mundo, parecía decirse, más estable sería el sistema. Sin embargo, la realidad de los últimos años, y de manera especialmente visible en el actual contexto geopolítico, obliga a revisar seriamente esa imagen. La red global no siempre funciona como una estructura distribuida y resiliente. En muchos aspectos decisivos, se parece más a una malla tensionada, dependiente de corredores sensibles, de nudos estratégicos y de una infraestructura material cuya fragilidad sólo se hace visible cuando entra en crisis.

    De esa intuición nace La red tensa, un nuevo DG Focus de Dinámicas Globales que propone una lectura a contracorriente del orden económico contemporáneo. El objetivo no es comentar una coyuntura pasajera ni sumarse al ruido inmediato de la actualidad, sino ir al núcleo del problema: mostrar que muchas de las dificultades que hoy percibimos no proceden sólo de acontecimientos externos, sino también de una vulnerabilidad incubada desde hace tiempo en la propia arquitectura del sistema. La interdependencia no siempre ha generado resiliencia. En ocasiones, ha producido dependencias críticas.

    Este nuevo Focus examina precisamente esa transformación. A lo largo de sus capítulos, el lector encontrará una reflexión sobre la falsa promesa de la flexibilidad, la concentración de funciones estratégicas, la importancia de energía, rutas y logística, y el modo en que una perturbación localizada puede desencadenar efectos en cadena de gran alcance. Pero el texto no se queda en el terreno económico. Uno de sus ejes más importantes es la relación entre fragilidad global y poderes opacos. Porque cuando la vida cotidiana de millones de personas depende de infraestructuras invisibles, de puntos de paso poco discutidos y de soportes materiales apenas comprendidos, el problema deja de ser sólo técnico: se convierte también en una cuestión de poder y de legibilidad democrática.

    En este sentido, La red tensa quiere ofrecer una herramienta de pensamiento crítico. No se limita a describir síntomas como inflación, incertidumbre o tensión geopolítica, sino que intenta reconstruir la estructura que los vuelve posibles. El texto invita a mirar más allá del titular, a distinguir entre el acontecimiento visible y la dependencia que lo amplifica, y a comprender por qué tantas veces las consecuencias de decisiones históricas concretas terminan presentándose como si fueran simples fatalidades inevitables. Comprender esta lógica es ya un primer paso para salir del hechizo de la normalidad aparente.

    Con este nuevo DG Focus, Dinámicas Globales sigue profundizando en una línea de trabajo que une geopolítica, pensamiento crítico, economía real y análisis del poder. La red tensa está pensado para lectores que no se conforman con explicaciones rápidas y que desean entender mejor la forma material del mundo en que vivimos. Porque no basta con saber que habitamos una red global. La pregunta decisiva es qué clase de red es, qué dependencias ha normalizado y cuánto de nuestra libertad cotidiana descansa sobre soportes que apenas vemos.

  • DGFocus

    LA IA YA NO SÓLO RESPONDE: EMPIEZA A OPERAR

    La inteligencia artificial está dejando de ser una simple asistente para convertirse en una capa operativa del mundo digital. Cuando empieza a programar, auditar, detectar vulnerabilidades, actuar como agente e insertarse en la lógica del conflicto y de las infraestructuras críticas, ya no basta con admirar su eficacia: hay que preguntarse quién la gobierna, sobre qué opera y con qué controles.

    Durante años hemos hablado de la inteligencia artificial como si fuera, ante todo, una asistente avanzada: redactaba, resumía, traducía, sugería ideas y ayudaba a programar. Pero esa imagen empieza a quedarse atrás. Hoy emergen sistemas que no sólo producen contenido, sino que también programan, detectan vulnerabilidades, encadenan herramientas, actúan como agentes y se insertan en procesos técnicos y estratégicos cada vez más sensibles. La gran novedad no es sólo que la IA “sepa más”, sino que empieza a operar sobre el mundo digital.

    Disponible el nuevo DG Focus en la tienda online

    IA OPERATIVA

    Este Focus parte de esa constatación. Su idea central es que el verdadero problema ya no es únicamente la potencia de la IA, sino su combinación con varios factores que, juntos, alteran el equilibrio entre capacidad técnica, juicio humano y control político. Entre ellos destacan el potencial disruptivo de estas herramientas en manos equivocadas, la expansión de agentes con supervisión cada vez más tenue, la autonomía instrumental de sistemas que pueden optimizar más allá de lo previsto, el bycoding como nueva capa de producción de software opaco, y la concentración privada de capacidades con relevancia pública creciente.

    Uno de los cambios más importantes afecta al software. La IA ya no sólo ayuda a escribir código: empieza a convertirse en la capa a través de la cual se produce. Eso acelera la creación, pero también puede multiplicar la opacidad, la dependencia y la vulnerabilidad. La misma inteligencia artificial que ayuda a construir sistemas puede llegar a conocer mejor que nadie sus puntos débiles. Y cuando se combinan producción acelerada de software, revisión insuficiente y modelos cada vez más capaces de auditar o explotar fallos, aparece un círculo inquietante que no puede analizarse sólo en términos de productividad.

    A esto se suma la cuestión de los agentes IA. Cuando un sistema ya no se limita a responder, sino que encadena acciones, usa herramientas y mantiene objetivos a lo largo del tiempo, la supervisión humana puede degradarse. El humano sigue apareciendo en el esquema, pero muchas veces ya no gobierna de verdad el proceso. Por eso no basta con repetir que “hay un humano en el circuito”. La pregunta seria es otra: qué ve ese humano, cuándo interviene, qué comprende y si realmente puede detener o corregir lo que está ocurriendo.

    El problema se vuelve aún más grave cuando se observa quién controla estas capacidades. Una parte creciente de la seguridad digital, de la auditoría de software y de la gestión del riesgo técnico depende de actores privados con acceso privilegiado y con niveles altos de opacidad. Esto significa que infraestructuras cada vez más decisivas para la vida colectiva quedan mediadas por poderes técnicos que no están sometidos a un control democrático equivalente a su importancia real.

    Finalmente, todo esto tiene una dimensión geopolítica ineludible. La guerra actual no se libra sólo con medios cinéticos. El plano cibernético es ya un frente decisivo, y la IA introduce en él un salto cualitativo al acelerar reconocimiento, selección de objetivos y operaciones complejas bajo esquemas de supervisión insuficiente. En este contexto, la cuestión ya no es sólo tecnológica. Es también política, estratégica y cultural. La conclusión es clara: ya no basta con preguntar qué puede hacer la IA; hay que preguntar quién la gobierna, sobre qué opera y con qué controles efectivos. Cuando una tecnología deja de ser sólo una herramienta y empieza a convertirse en capa operativa del mundo, el pensamiento crítico debe ensancharse. Ya no basta con examinar mensajes o detectar sesgos; hace falta aprender a pensar en términos de infraestructuras, dependencia, supervisión real y poder opaco.